Miércoles, 17 Mayo 2017 00:00

Diario del Final del Imperio -Viernes 17 de Mayo de 1867

Escrito por Redacción
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Querétaro, 17 de mayo de 1867

    Doliente caravana de derrotados recorre la ciudad, de la Cruz a Teresitas; es la de Maximiliano y sus íntimos.

    En virtud de la enfermedad de Maximiliano, se le concede llevarlo a otra prisión, que se improvisa en el recién desocupado convento de Carmelitas Descalzas, que el pueblo llama simplemente “Teresitas”.

    Uno de los carros de la familia Rubio es proporcionado para el traslado de Maximiliano, en el cual viajan con éste, el médico Samuel Basch, el general Echegaray, su carcelero y un ayudante.

    Los demás prisioneros: Manuel García Aguirre, Severo del Castillo, Manuel Guzmán, Félix Salm Salm, Agustín Pradillo, Pedro Ormaechea y José Luis Blasio hacen el recorrido a pie, entre dos filas de triunfantes soldados republicanos.

    Prácticamente pasa inadvertida la trágica comitiva, pues ningún queretano acude a ver pasar a los prisioneros, pues las calles están desiertas, cerradas puertas y ventanas y uno que otro viandante mira el cortejo con nada más que compasión; mucho es el resentimiento que tiene la ciudad para los imperiales, por los sufrimientos a que la sometieron.

    Cuando llega Maximiliano al convento, ve una columna de prisioneros imperialista que se descubren a su paso y dice, haciendo una más de sus frases: “Ningún príncipe puede ostentar una corte tan numerosa.”

    Llegando a Teresitas, Maximiliano es colocado en una amplia habitación muy ventilada y con hermosa vista hacia el patio arbolado del convento; se le proporciona modesto mobiliario, ropa limpia de cama y desde luego, las medicinas posibles; la República se comporta con dignidad ante el que fue su feroz enemigo.

    Los demás prisioneros se acomodan como pueden, en esteros de coco, cobijados con unos sarapes que mandó a comprar para ellos Maximiliano, teniendo todos los útiles necesarios para su ase; por supuesto que se les somete a todos los rigores de prisioneros, entre otros el de pasar lista, lo cual molesta a los imperialistas que estaban acostumbrados a ordenar.

    Por su parte, gran actividad ha desplegado hoy el Cuartel General, cuyo Jefe, el General Mariano Escobedo, se encuentra un poco enfermo, prácticamente imposibilitado para separarse de “La Purísima”.

    Ha publicado una lista, donde Maximiliano aparece como “Emperador Maximiliano, jefe del ejército sitiado, austríaco.”

    Bajo estrictas órdenes de no cejar hasta encontrarlo, continúa la búsqueda del general Ramón Méndez, de quien se ignora si en la confusión del día de la toma de la plaza, haya marchádose, como lo hicieren algunos; asimismo se busca a Ramírez de Arellano, quien es una codiciada presa para los republicanos, pues muchos estragos causó con su artillería.

    Firmemente se inicia la reorganización del Gobierno Estatal, y así es como se publica el primero de sus decretos, el cual fijado en los parajes públicos dice:

    “Julio M. Cervantes, Comandante Militar del Estado de Querétaro, a todos los habitantes del mismo, sabed; que en uso de las facultades de que estoy investido, decreto:

    Núm. 1. – Art. 1º. – Todos los empleados civiles pertenecientes al llamado gobierno imperial, se presentarán en el término de veinticuatro horas a la Comandancia Militar del Estado.

    Art. 2º. – Los que no cumplan con la prevención anterior, serán sujetos a la misma ley que los militares

    Por lo tanto, mando que se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumplimiento. Querétaro, 17 de mayo de 1867. Julio M. Cervantes. H. A. Vieytez, secretario.”

    Entrando en un franco período de normalización, se han restablecido las comunicaciones con México y con San Luis Potosí, por medio de diligencias de que se puede disponer.

    También en este punto, por el temor de que puedan evadirse algunos de los generales que no han sido detenidos, se dan normas mediante el decreto No. 2, que establece el libre tránsito dela ciudad quienes pretendan salir sin el correspondiente pasaporte se previenen severos castigos, sin especificación de cuales puedan ser.

    Estando en San Luis Potosí, la princesa de Salm Salm, cerca del presidente Lic. D. Benito Juárez, de inmediato, pide autorización para acudir a Querétaro a ver a su marido prisionero y viene por tanto, en camino.

Tomado del libro "El Sitio de Querétaro y El Triunfo de la República" de José Guadalupe Ramírez

Ediciones Culturales del Estado de Querétaro. 1973

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