Viernes, 19 Mayo 2017 00:00

Diario del Final del Imperio - Domingo 19 de mayo de 1867

Escrito por Redacción
Valora este artículo
(3 votos)

Querétaro, 19 de mayo de 1867
   
    Dramáticos y múltiples acontecimientos se suceden este día, iniciados con el fusilamiento del general Méndez, a quien se le aplica de inmediato, e inexorablemente la ya famosa “ley mortuoria”.
   
    Advertido el general Ramón Méndez de que será inmediatamente fusilado, pide tan solo despedirse de Maximiliano y sus compañeros generales, lo que le es concedido.
   
    Maximiliano recibe en su celda de Teresitas, muy conmovido al intrigante y sanguinario general Ramón Méndez, a quien para consolarlo le dice estas palabras: “Va usted a la vanguardia general, pronto seguiremos el mismo camino.”
   
    Sin contestar, Méndez se despide para siempre de Maximiliano, quien se queda tristemente viéndolo partir al paredón.
   
    Al despedirse de los generales, Mejía derrama lágrimas y le dice a Méndez: “¡Méndez, estoy cierto de que seréis hoy delante de esas gentes, lo que habéis sido siempre!”
   
    “No tengáis cuidado, don Tomas”, respondió Méndez inmutable y fue de inmediato sacado del Convento de Teresitas.
   
    Inmediatamente, se permitió a Méndez penetrar en el Templo de Teresitas, donde se confesó y comulgó, después de lo cual se le concedieron dos horas para despedirse de su familia.
   
    Durante esas dos horas, conversa con su familia y pronto transcurre el tiempo, así que, llegada la hora, se le hace una señal que sólo advierte Méndez, indicadora de que deberá partir al paredón.
   
    Cierto de que va al encuentro de la muerte, Méndez dice a los suyos que tiene algo urgente que arreglar, separándose de ellos con la indicación de que pronto volverá, pero no es así, pues de inmediato es sacado del templo con escolta y acompañado de un sacerdote, el padre Agustín Guisasola.
   
    Se le conduce a la calle del Cebadas, haciéndose escogido para paredón de fusilamiento los muros de humildes casas que tienen vista al sur.
   
    Está formado ya el recuadro de soldados republicanos armados, dando la espalda y dentro de éste, un cuadro de frente y más adelante, cerca del paredón, el pelotón de fusilamiento.
   
    Méndez camina erguido y sonriendo a quienes lo saludan al paso; llegado al lugar de fusilamiento, es conducido cerca del muro y como a un traidor se le coloca de espaldas, rechazando ser vendado, de rodillas.
   
    Desde la casa de la esquina llamada “Del Mirador”, en los balcones, muchos oficiales republicanos presencian la escena; abundante cantidad de público, alejado del recuadro, también concurre al ejemplar castigo de quien había ordenado el fusilamiento del general José María Arteaga que fuera gobernador de Querétaro y había arrebatado por la fuerza sus bienes a los queretanos.
   
    Cuando la mañana de mayo resplandece, se da la orden a los soldados republicanos de tirar sobre Méndez y éste cae fulminado por las balas justicieras, auxiliado espiritualmente por el padre Guisasola.
   
    La descarga del fusilamiento es escuchada por el general Ramírez de Arellano, quien está oculto precisamente en la casa Del Mirador, quien estremecido se dio cuenta completa de lo que acababa de ocurrir.
   
    Por medio del decreto número 5, el coronel Julio María Cervantes, Comandante Militar de Querétaro, ordena que desde el 15 del presente, las fincas rústicas y urbanas del Estado, causen un impuesto de 3 al millar sobre su valor y que debe ser cubierto en tercios adelantados en la administración general de rentas.
   
    Ocasionando gran sobresalto a los prisioneros, en forma intempestiva del general Mariano Escobedo se presenta en la prisión del Convento de Teresitas a visitar a Maximiliano, acompañado del general Díaz de León y del coronel Villanueva; todos creen que el General en Jefe va a notificar a Maximiliano que pronto será fusilado, teniendo en cuenta el antecedente inmediato de lo que ha ocurrido a Méndez, pero media hora después se despeja la incógnita. Escobedo ha hecho solamente una visita de mera cortesía a su prisionero.
   
    Escobedo visita también a su amigo, el general Tomás Mejía y le ofrece enviarlo a San Luis Potosí para que se presente al Gobierno y arregle su situación, pero Mejía no acepta si no se le garantiza que su misma suerte correrán los demás prisioneros, lo que no puede hacer el general Mariano Escobedo; por su parte los familiares del general Escobedo, ofrecen a Mejía, enviarle cuanto necesite a la prisión.
   
    Entre las 6 y las 7 de la tarde, llega la princesa de Salm Salm, quien se aloja en el Hotel de las Diligencias y de inmediato se impone de la situación que guardan Maximiliano y su aventurero marido; se encuentra en La Purísima, como fueran sus deseos, y tiene que esperar hasta el día de mañana.

Tomado del libro "El Sitio de Querétaro y El Triunfo de la República" de José Guadalupe Ramírez

Ediciones Culturales del Estado de Querétaro. 1973

Visto 414 veces