Sábado, 05 Noviembre 2016 00:00

Santa Rosa de Viterbo

Escrito por  Agencias
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Uno de los ejemplos más representativos del Barroco queretano. El Templo de Santa Rosa de Viterbo yace como una de las joyas más importantes de la arquitectura religiosa de nuestra ciudad. Aquí su historia.



Por el año de 1640, don  Juan Alonso compró un terreno indígena al suroeste de la ciudad y en él construyó una casa para su familia que llegó a ser formada por su esposa doña Antonia de Herrera y nueve hijos de los cuales uno fue sacerdote y tres religiosas.

En el año de 1670 las hermanas Francisca de los Ángeles, Gertrudis de Jesús y Clara de la Asunción decidieron ser religiosas y para eso edificaron unas pequeñas celdas en la huerta de su casa y ahí comenzaron su nueva vida dedicada a la oración y a la enseñanza de la niñez, tomando el hábito de Tercera Orden de San Francisco y teniendo como director espiritual al misionero fray Francisco Frutos.

En 1699, el protector de la comunidad, el bachiller don Juan Caballero y Ocio, en la misma huerta del edificio les construyó una pequeña capilla y celdas para un monasterio y ahí se dijo la primer misa en 1703, dedicado el oratorio a nuestra señora de Guadalupe.

En 1727 por pedimento del Virrey  don Juan de Acuña, el rey Felipe V de España reconoció el monasterio y este comenzó a funcionar con el nombre Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo. Inmediatamente los benefactores comenzaron la construcción de un grandioso templo y convento de acuerdo con el proyecto del arquitecto don Ignacio Mariano de las Casas y bajo la dirección de este.

En 1732 se dispuso que el monasterio se sujetara al Cabildo metropolitano y se hermanara con la Comunidad Seráfica de San Francisco de Asís.



En 1752 la obra fue terminada, se agregaron contrafuertes laterales para dar mayor resistencia estructural a los pesados muros, (obra del arquitecto Gudiño). También se instalaron un hermoso órgano bajo el coro del templo  y un reloj de repetición diseñados por el arquitecto don Ignacio Mariano de las Casas.
En 1749 se sustituyo el altar mayor del templo por eso la discordancia en época con los retablos laterales.

A partir de 1861 las Leyes de Reforma provocaron el exclaustra miento de las religiosas en dos ocasiones. Las religiosas nunca tuvieron patrimonio económico y cubrían sus gastos con el producto de los fieles, las caridades y las pensiones de los niños que educaban.

Son dignas de admiración sus múltiples pinturas entre las que destacan: el retrato del capitán Velázquez de Lorea de Miguel Cabrera y el retrato de Sor Ana María de San Francisco y Neve, atribuida al maestro José Páez y considerado uno de los cuadros más bellos hechos a una monja.

Por la sacristía menor es posible comunicarse con lo que fue el convento que aún muestra lo imponente de la construcción y algunos detalles de interés, como los arcos volados en la escalinata y un par de relojes solares sobre la cornisa del segundo nivel del atrio. Su ex convento, el cual ha sido parte de un largo y minucioso proceso de restauración, es ahora sede del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

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