Jueves, 23 Noviembre 2017 18:59

Presentan libro sobre el trabajo de Enrique Juan Palacios

Escrito por Redacción
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En un año en que se conmemora un siglo de las exploraciones encabezadas por Manuel Gamio en Teotihuacan, culminación de la corriente del particularismo histórico en la arqueología mexicana, una investigación saca del olvido la figura del eminente arqueólogo Enrique Juan Palacios (1881-1953) y a toda una tradición de estudios que pudieron encaminar hacia otros rumbos a esta disciplina en el país.

Haydée López Hernández, autora de Los estudios histórico-arqueológicos de Enrique Juan Palacios, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), expresó que el rescate de este personaje es, en cierta medida, un acicate para que “la arqueología mexicana se atreva a verse más allá de la técnica en la que ha estado constreñida. La disciplina se encarriló en la vía marcada por la escuela estadounidense, y cada vez está siendo más tecnificada y menos histórica, menos narrativa.

“Quizá lo que le convenga a la arqueología como disciplina en un nuevo milenio, sea voltear a su pasado, donde hubo una tradición de estudios históricos- arqueológicos-iconográficos. Encontrar que pudo ser una cosa distinta y que podría ahora recuperar esas líneas de investigación, esas metodologías, esas propuestas teóricas, sin dejar de considerarse científica”, sostuvo la arqueóloga y doctora en Filosofía de la Ciencia.

Contemporáneo de Manuel Gamio, Ignacio Marquina y Eduardo Noguera, entre otros, Palacios mantuvo viva la tradición decimonónica de la lectura de las fuentes virreinales y de los códices durante la primera mitad del siglo XX, siendo uno de los profesores de estas temáticas en la Escuela de Antropología. Sin embargo, esta escuela cedió ante el particularismo histórico (pugnante de las ideas evolucionistas e impulsor del conocimiento empírico y el relativismo cultural) introducido a comienzos de la segunda década siglo XX por la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana, entre cuyos directores estuvieron Eduard Seler, Franz Boas, George Engerrand, Alfred Tozzer y el mismo Manuel Gamio.

López Hernández señaló que en México el desarrollo de la disciplina arqueológica no va más allá de cien años, aunque los antecedentes de su formalización se encuentran en el siglo XIX, de ahí que sus historias surjan de las voces de una generación que emanó de la Revolución Mexicana y fundó el INAH, con los citados nombres de Alfonso Caso e Ignacio Bernal, entre otros; “pero ahora vivimos otro tiempo histórico, y desde aquí habremos de preguntarnos cómo nos forjamos como disciplina, cuáles son nuestras trayectorias y, finalmente, a qué futuro queremos aspirar para nuestra materia”.

Eso implica, dijo la investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, hurgar en el pasado de los estudios arqueológicos sin el prejuicio de que han sido superados, sino con la intención de revitalizar preguntas que, siendo objetivos, no han variado. “La arqueología no puede sembrar verdades absolutas, más bien, es parte del ejercicio histórico de repensar sobre las múltiples facetas del hombre en todos los tiempos”.

Para el arqueólogo José Humberto Medina González, la obra de Enrique Juan Palacios Mendoza, publicada en las primeras cuatro décadas del siglo XX, se invisibilizó en las denominadas narrativas canónicas de la historia de la arqueología mexicana. A esto contribuyó también la erosionada memoria de nuestra disciplina, un gremio que mantiene una visión provincista y presentista de la historia de la ciencia.

“Y es que a partir de la revaloración de la obra y del entendimiento de este personaje, se rescata una tradición arqueológica nacional denominada de estudios históricos-arqueológicos-iconográficos, emanada de los sabios historiadores decimonónicos del antiguo Museo Nacional, una corriente muy importante del estudio del pasado prehispánico y en el desarrollo de la historia de la arqueología mexicana”, argumentó.

Palacios describió con sumo cuidado y erudición cada una de las crónicas, tratados e investigaciones sobre el México antiguo, escritos en caracteres latinos por indígenas, españoles, nacionales y extranjeros, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Rastreó además sus ediciones y traducciones. “Su monumental trabajo es una historia acumulativa y diversa sobre la tecnología de las ideas y del conocimiento sobre el mundo prehispánico, y de cómo se fue transmitiendo a lo largo de cuatro siglos en esos libros”, refirió José Humberto Medina.

Al percatarse de que esta tradición a la que pertenecía no tendría eco en las futuras generaciones de arqueólogos, dado que la lectura de las fuentes coloniales y las interpretaciones iconográficas ya no constituían el núcleo de su disciplina, y sí los estudios estratigráficos y de secuencia cerámica, Enrique Juan Palacios decidió dejar testimonio de ella publicando entregas en el Boletín de la SEP, entre 1929 y 1930.

Tras 87 años de olvido, el libro de Haydéé López Hernández reúne por primera vez dichas entregas de Palacios, éstas bajo el título: Los estudios histórico-arqueológicos en México. Su desarrollo a través de cuatro siglos, un recorrido a través de fuentes principales, dando cuenta —además de las obras reseñadas— de sus escritores, “descubridores”, editores y críticos.

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